La vida durante estos 47 años no ha sido nada fácil, más bien ha sido muy dura y complicada; y aunque parezca un tópico daría mi vida cien veces para hacer todo lo que hecho hasta aquí, pensando en la cantidad de personas que conocen el Evangelio de Jesús y todo lo que he podido hacer para Su gloria. Por supuesto, que intentaría borrar todas las cosas negativas dentro del proceso a la madurez. Yo os lanzo una pregunta: ¿Para alcanzar la madurez es necesario pasar por momentos de duras pruebas?
Yo os digo que sí. Yo no sería lo que soy en el Señor, si no fuera por medio del sufrimiento y la negación. Además, no hay nada más increíble que servir al Señor en un mundo tan duro y difícil, en una condición tan débil como la nuestra.
Cuando crees que el túnel se cierra y la fe se empequeñece, si levantas la mirada por encima las circunstancias y te encuentras con el reposo de la fe en Dios, la luz vuelve a resplandecer en el corazón y el camino se ensancha debajo de nuestros pies.
Y así de una manera perseverante, en este aprendizaje en el que nos encontramos, he podido experimentar de forma maravillosa la Gracia de Dios.
¡Confiar en Dios es la garantía más grande!