La presencia del Señor en nuestra vida está ligada a la misericordia, el perdón y la justicia. Dios quiere que nuestros corazones estén llenos de misericordia y perdón. Él un día nos dijo: -“Hijo mío, ya no me debes nada, la deuda ha sido pagada...” ¿No podremos nosotros, pasar por alto una ofensa? Arranquemos cualquier leve amargura de nuestro corazón y renovemos la misericordia en nuestro interior. Perdonemos porque hemos sido perdonados; Si no perdonamos, Él no nos perdonará a nosotros. Perdonemos sin límites.