Dios es eterno y no está sujeto al espacio-tiempo como nosotros, pero ha decidido vivir con nosotros, en nosotros, y acompañarnos cada día de nuestra vida. ¡Dios está conmigo todos los días de mi vida! Esto es maravilloso, sublime, esperanzador y revolucionario. Hoy no estoy solo, y Dios no es ajeno a mis cargas, mis problemas, mis luchas... Él las sobrelleva conmigo, me ayuda y fortalece. Ninguna carga es demasiado pesada para Él, ni para mí, cuando voy a Cristo y me dejo ayudar por Él.