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¡Buen día a tod@s!

"No temas, cree solamente"

El temor impide la acción. A veces, estamos más centrados en nuestras debilidades, que en nuestras fortalezas. Si enfrentamos cada desafío con fe y andamos convencidos de que Dios camina a nuestro lado, la fortaleza interior aumentará y la certeza hará que nuestras acciones nos impulsen a crecer y a avanzar. Si Jesús reina en tu vida, el temor y la angustia dan paso al gozo y la confianza. La fe que persevera siempre verá fruto.

¡A por hoy creyendo!

¿Bajo la Ley de Dios o bajo la Gracia?

“La ley del Señor es perfecta, que reconforta el alma… los mandamientos del Señor son rectos que alegran el corazón.” (Salmos 19:7-8)

La pregunta que encabeza este escrito, será fácil de responder para una persona que ha aceptado a Jesucristo como su Salvador. Pero a mi parecer no es tan fácil. Para los legalistas es la Ley; para los cristianos mimados, consentidos, y que no ponen el Reino de los Cielos en primer lugar, sin duda es la Gracia.

Yo creo que el hecho solo, de guardar la Ley de Dios, aún no creyendo, es el camino a la salud física y a la paz mental. “Anhelo tu salvación, oh Señor, y tu ley es mi delicia” (Salmos 119:174). “De manera que la ley es buena, santa, el mandamiento es justo” (Romanos 7:12).

El Señor siempre ha querido que guardemos sus mandamientos. “Si me amáis, guardad mis mandamientos… El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:15 y 21). “El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él… y lo que le pidamos, lo recibimos de Él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables a Él… En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus "mandamientos. Pues éste es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”. (1 Juan 2:4-5; 3:22; 5:2-3)

Le Ley de Dios no ha cambiado para nadie, ni en sus formas ni en sus contenidos o efectos sobre la persona que los guarda. Sin embargo, ha cambiado la actitud de Dios hacía nosotros, Él ha imputado la Ley que guardó Jesucristo en cada persona que cree en Él, le ha recibido en su vida y le sigue con fidelidad. Ese es el espíritu de la Ley que remueve las entrañas del salmista. “¡Oh, cuánto amo yo tu Ley! Todo el día es ella mi meditación” (Salmos 119:97). Esta acción hacia la Ley de Dios produce una sintonía con el Creador y de esta forma, comprendemos la vida y nuestras limitaciones en todas las cosas, que es el fundamento de la estabilidad y el orden; que es todo lo contrario al caos.

“He llegado a tener mayor discernimiento que todos mis maestros. Porque medito en tus testimonios” (Salmos 119:99). ¿Acaso no hace la Ley de Dios sabio al sencillo? Este versículo no haba de grandeza, poder o autoridad, sino de sabiduría, discernimiento y de la meditación que te lleva a la comprensión del misterio de la existencia. “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (salmos 119:103). ¿Son dulces los besos? ¿Son dulces las sonrisas o los abrazos? ¡La miel es dulce! Las formas poéticas o retóricas del habla nos aceran a la realidad de lo que sentimos o deseamos. Pero el salmista otra vez nos habla de relación, comunión, de conocimiento empírico, que te alegra, satisface y te da bienestar. Dulzura en la vida es ganas de vivir.

Sigue diciendo el salmista: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz a mi camino” (Salmos 119:105). No vemos todo el camino que tenemos que andar, es largo y a veces torcido, es escabroso, pasamos por valles y túneles que parece que no van a acabar nunca. El salmista es un hombre de fe y dice: “Contigo está el manantial de la vida, en tu luz, veremos la luz” (Salmos 36:9) Y el Señor Jesús nos invita: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas” (Juan 8:12). También dijo: “Yo soy el camino”. Mientras andemos por él, tendremos luz, yo os invito a que andéis en Él.